Tu intestino habla, tu cerebro escucha: cómo la salud digestiva influye en tu estado de ánimo

Durante años, el intestino fue visto simplemente como un órgano encargado de la digestión. Sin embargo, la ciencia ha comenzado a revelar que dentro de nuestro sistema digestivo habita un universo microscópico capaz de influir directamente en cómo pensamos, sentimos e incluso en nuestra salud mental.
«Hoy existe más evidencia científica que nunca de un vínculo directo entre la salud intestinal y la salud cerebral», afirma el Dr. Karl Kwok, gastroenterólogo de Kaiser Permanente en el sur de California. «La microbiota intestinal es decir, el conjunto de bacterias que habitan en nuestro intestino puede influir de manera directa en la función neuronal».
La llamada microbiota intestinal está compuesta por billones de microorganismos que conviven con nosotros en una relación simbiótica. Diversos estudios han demostrado que una microbiota diversa y equilibrada no solo mejora la digestión, sino que también puede ayudar a regular el estado de ánimo, la ansiedad y el estrés. En otras palabras, lo que comemos puede afectar profundamente cómo nos sentimos.
El Dr. Roy Ziegelstein, cardiólogo e investigador en Johns Hopkins especializado en depresión y enfermedades cardiovasculares, explica que esta conexión ocurre a través de múltiples vías. «Las bacterias intestinales producen neurotransmisores y otras sustancias químicas que pueden comunicarse directamente con el cerebro», señala. «Además, los cambios en los niveles de lípidos en sangre y en las moléculas inflamatorias podrían estar relacionados con la microbiota intestinal y afectar la función cerebral».
Los experimentos en animales han reforzado esta teoría. Estudios con ratones muestran que un trasplante de microbiota fecal (TMF) puede modificar el comportamiento: cuando se trasplanta microbiota de un ratón con síntomas de depresión a otro sano, este último puede desarrollar actitudes similares, y viceversa. Estos hallazgos apuntan a la existencia de un eje intestino-cerebro, una red de comunicación bidireccional entre ambos órganos.

La Dra. Catherine Ngo, directora de motilidad del Instituto Hoag de Salud Digestiva en California, lo explica con una metáfora ilustrativa: «Imagine que su intestino es una ciudad vibrante y su cerebro es el ayuntamiento en la cima de una colina. Ambos deben mantenerse en comunicación constante para que todo funcione correctamente».
En humanos, la investigación también ha dado pasos prometedores. Algunos estudios sugieren que los probióticos bacterias beneficiosas presentes en ciertos alimentos o suplementos pueden potenciar la eficacia de los tratamientos antidepresivos. Estos llamados psicobióticos podrían actuar como un complemento terapéutico al influir en la producción de neurotransmisores como la serotonina, la dopamina y la noradrenalina, vinculados directamente al bienestar emocional.
Aun así, los expertos advierten que la evidencia todavía está en desarrollo. «Sabemos que los probióticos pueden tener un efecto aditivo, pero aún no se ha determinado con precisión cuáles son las cepas más beneficiosas para la salud mental», aclaran los investigadores.

Por su parte, el psiquiatra Drew Ramsey, autor y especialista en nutrición cerebral, resalta la importancia del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), una proteína que favorece la neuroplasticidad —la capacidad del cerebro para crecer, repararse y adaptarse—. «El BDNF actúa como un fertilizante cerebral», explica. «Y los alimentos que consumimos pueden afectar directamente sus niveles».
En definitiva, aunque cuidar la microbiota intestinal no reemplaza las terapias psicológicas ni los tratamientos farmacológicos, sí puede convertirse en un aliado valioso para la salud mental. Mantener una dieta equilibrada, rica en fibra, frutas, verduras y alimentos fermentados, junto con hábitos saludables de sueño y ejercicio, puede ser una estrategia sencilla y eficaz para cuidar no solo nuestro cuerpo, sino también nuestra mente.
Más que una curiosidad científica, esta línea de investigación nos recuerda que la salud mental empieza en el intestino. Alimentar bien a nuestro “segundo cerebro” podría ser una de las claves para una vida más equilibrada, resiliente y feliz.
Referencias bibliográficas :
Makin, S. (2025). Why nurturing the gut microbiota could resolve depression and anxiety. Nature.
Higgins, L. (2025, noviembre 4). Your gut could be affecting your mood. TIME.